La creatura




Una mujer estaba ordenando una repisa con adornos en el living de su casa cuando vio que un ratón entró por la puerta del patio y se metió en la cocina. Asustada, fue a contárselo a su marido que estaba leyendo en el sofá.
El hombre escuchó con atención, pero a él no le interesaban esa clase de cosas. Según él, los bichos llegan, hacen lo suyo y se van; no hay nada que se pueda hacer. Así se lo dijo a la mujer, pero ella no estaba de acuerdo y se quedó esperando con los brazos cruzados. No había necesidad de gritar, no aún.
El hombre lo entendió de inmediato y, tratando de disimular su molestia, se fue a ver lo que pasaba; pero lo hizo con la calma suficiente como para molestar un poco a la mujer.
Se detuvo en la entrada de la cocina y, como si tuviera una pipa entre las manos, observó la situación. Pero la mujer no le permitió seguir con su juego, así que se paró a su lado y lo miró fijamente con una expresión que lo invitaba a apurarse.
Nuevamente, el hombre lo entendió de inmediato; entró a la cocina, se puso en cuclillas y abrió las puertas del lavaplatos.  En ese momento dio un estrepitoso salto hacia atrás, se había encontrado con el intruso, que no era un ratón; era un alienígena.
El visitante medía unos treinta centímetros de alto y su complexión era como de una persona, pero miniatura y con cara de ardilla. Algo que nunca se había visto antes.
El hombre y la mujer se quedaron inmovilizados por la sorpresa. El visitante aprovechó el silencio para presentarse y, después de aclarar la garganta con una suave tos, dijo—Sí, perdón. Quisiera decir algo. Con su permiso, quisiera explicarme. Si me permite, antes que todo, no deseo incomodar. Estoy en su cocina, en su casa, sin su autorización, entiendo que no es algo apropiado, pero déjeme decirle que el motivo que me trae hasta su casa es muy importante, bastante importante, yo diría que es crítico. Les explicaré con detalle mi situación, pero antes quisiera que entiendan que no represento ninguna amenaza, no tengo intención de hacerles daño, tengan ustedes mi palabra. Lo único que les pido es que me permitan quedarme por uno o dos días, es todo el tiempo que necesito. No será más que eso. Sí por algún motivo, resultara que…
¡Pum!, el hombre le dio un fuerte escobillonazo a la creatura. Luego le pregunta a la mujer— ¿Era un ratón, cierto? Porque parecía uno ¿o no?
La mujer se quedó pensativa y antes que pudiera responder el hombre le volvió a preguntar— ¿hablaba?
—Sí, hablaba —le respondió la mujer.
—Me pareció que podría haber sido mi imaginación—dijo el hombre—, pensé que era una especie de recaída de mi…, tú sabes, mi “condición”.
—No. No fue tu imaginación. El ratón nos habló—dijo la mujer.
—Mierda, entonces no era un ratón —dijo lastimosamente el hombre—creo que desde ahora, ante situaciones parecidas, haré algunos chequeos antes de actuar. Veo que, a veces, la realidad puede ser muy extraña.
—Es verdad—dijo la mujer—pero, ¿sabes qué?, creo que ha sido lo mejor. Imagínate que hubiera hecho ese bicho escondido en nuestra casa. Mejor olvidemos esto y volvamos a lo nuestro.
La mujer tomó al hombre por el hombro y lo sacó de la cocina—Ve y sigue leyendo, yo me encargaré de esto —le dijo, pero justo en ese momento volvieron a escuchar a la creatura.
—Señora, no estoy muerto. Solo estoy muy herido. Por favor…
Mientras la creatura trataba de reponerse, el hombre le preguntó a la mujer — ¿Escuchas eso?, ¿acaso ese bicho volvió a hablar?
La mujer le susurró al oído—Sí, lo está haciendo de nuevo. Vamos, dale otro escobillonazo, pero esta vez más fuerte, en la cabeza. Procura darle con la parte dura de la escoba, no con los pelos. Si le das con los pelos solo lo vas a marear. Pégale con la parte de madera, no importa que se reviente y se ensucien las ollas. Acaba con el pobre bicho, el pobre debe estar sufriendo. Mira como le sangra la nariz. Que terrible, Tendremos que lavar todo esto con cloro, solo trata de…
— ¡Libérame! ¡O lo van a lamentar ustedes dos!—dijo la creatura que había escuchado lo que decían— ¡ustedes son unos!...
¡Pum!, el hombre le dio a la creatura con la parte dura de la escoba. Le dio tan duro que le reventó la cabeza y un líquido rosado quedo pegado en las ollas.
—Su cabeza parecía una burbuja, maldición. Una maldita burbuja —dijo la mujer muy asombrada por lo que había visto.
El marido se limitó a dejar la escoba apoyada en la pared y a decirle a la mujer —iré a leer.
— ¿No vas a ayudarme a limpiar? —preguntó la mujer.
—Ya hice mi parte—, le respondió él— ¿acaso quieres que también limpie?
—Sí —le respondió ella,— quiero que limpies también.
Entre los dos limpiaron todo y en poco tiempo estaban de vuelta en sus actividades, él leía un libro mientras ella comenzó a hacer anotaciones en un cuaderno.
Solo pasaron unos minutos  hasta que volvieron a llamar a la puerta. De mala gana y dispuesto a ser cortante y descortés, el hombre fue a atender la puerta, solo para encontrarse con una creatura parecida a la anterior.
—Señor, mi nombre es Alum y busco al príncipe Cardenio —dijo el visitante—, los instrumentos de mi nave lo ubican en este lugar. Por favor dígame ¿dónde está él?
—No hay tal príncipe. —dijo el hombre como si no fuera un extraterrestre el que estaba parado en su puerta.
El hombre supo que debía ser cuidadoso, esta nueva creatura vestía uniforme militar, un casco, que al parecer tenía funciones muy avanzadas, y un cinturón del que colgaba una pistola.
— ¿Puedo pasar a revisar? —Preguntó Alum —claro, adelante—respondió el hombre.
La creatura entró en la casa mirando su reloj, allí aparecía la ubicación de un objeto que resultó ser una nave espacial que estaba en el patio trasero, era como un avioncito de juguete. Alum la inspeccionó y al darse cuenta que Cardenio había desaparecido se sintió muy angustiado. Se apoyó en un costado de la nave y se quedó muy quieto— ¿Pero dónde estará? —se preguntaba a sí mismo mientras su miraba se iba hacia el cielo.
—Puedes esperar aquí el tiempo que sea necesario, hasta que aparezca tu amigo. —dijo el hombre.
—Lo haré, muchas gracias—respondió Alum, que ahora tenía la mirada enterrada en el suelo.
— ¿Quieres algo? ¿Necesitas algo? —preguntó el hombre.
—Solo un vaso de agua, por favor —dijo Alum.
La mujer, que se había acercado justo en ese momento, se ofreció para ir en busca del agua.
Mientras tanto, la creatura le dijo al hombre —El príncipe Cardenio y yo acordamos que nos veríamos en este planeta. El piensa que es un planeta seguro. Necesitábamos un lugar donde preparar la defensa del gobierno. Nuestra última batalla fue un desastre, pero solo porque fuimos traicionados. El hermano del príncipe hizo alianza con el enemigo, les entregó información vital de nuestras tropas y lo peor de todo es que intentó asesinarlo mientras dormía. El maldito siempre estuvo celoso del carisma de su hermano, pero eso ya no importa, debo encontrar al príncipe, volveremos y  nos vengaremos. Ahora que conocemos la verdad, nada podrá detenernos.
En ese momento, la mujer llega con el vaso de agua y se lo entrega a la creatura—tenga, su vaso de agua—le dijo.
La creatura se bebió toda el agua de un solo sorbo, se veía cansado y muy sediento, le agradeció a la mujer con un gesto solemne y dijo— Humanos, compensaré su hospitalidad muy generosamente, más aún si me ayuda en la búsqueda del príncipe Cardenio. Es más, quisiera…
Pero la creatura no alcanzó a terminar lo que decía, una mueca de dolor le tomó la cara. Se quedó tieso como una tabla y cayó muerto. El hombre, incrédulo, miró a su mujer.
—Le puse veneno al agua, obvio—dijo la mujer mientras miraba el fondo del vaso. Se veía satisfecha, todo había resultado bien.
Luego, hubo un largo silencio, de pronto parecían haberse dado cuenta del peso de la situación. El más preocupado era el hombre, quien le dijo a la mujer —Si tú me dices que estas dos creaturas eran ratones, yo podría hacer un truco mental para creerlo, no dudarlo y no mencionarlo jamás; pero si me dices que acabamos de asesinar a dos viajeros espaciales que escapaban de un ataque traicionero, entonces sentiré una culpa horrenda y tendré problemas, serios problemas. Creo que será parecido a la vez que… a la vez que —Pero el hombre no pudo continuar porque le vino un ataque de llanto.
La mujer se molestó un poco con la situación, alzó la mirada, se tomó la nariz y se miró la punta de los dedos. Después se inclinó ligeramente hacia el lado derecho y finalmente le dio una mirada al hombre. La costumbre la había hecho práctica, ya sabía qué hacer, pero durante un momento fantaseo con la idea de dejarlo sólo, a su suerte, — ¿qué haría? —Se preguntó— Seguramente saldría corriendo y no se detendría hasta ser atropellado por un automóvil. —Lo imaginó corriendo, desnudo, sumido en el pánico entre sollozos y alaridos siendo mordido en las nalgas por un perro. No pudo evitar sonreír un poco, pero solo eran fantasías. Cariñosamente se reprendió a sí misma por reírse de semejante cosa.
Luego de unos minutos, dijo—Mira, antes que todo, lo del “truco mental” no funcionó antes y no va a funcionar ahora, al menos no por sí solo. Lo que haremos será aplicar una técnica mixta; veremos las cosas desde una perspectiva positiva, se me ocurrió después del último incidente, yo creo que puede funcionar. El asunto es así: lo que ha pasado, es que hemos tomado partido en una guerra intergaláctica, nos hemos puesto al lado de los oprimidos. Fíjate que el primer ratón era un príncipe, no era un pobrecito indefenso, era el líder de una organización monárquica opresora, despiadada y perseguidora, ponle tú más adjetivos si quieres. ¿El segundo?, un mercenario, un opresor, de seguro con su pistola mato a muchos inocentes. El pueblo de Ratalandia, o como se llame, nos debería considerar unos héroes. Eso es lo que somos, héroes libertadores. Tú, cree en esto y no solo estarás libre de culpa; estarás lleno de orgullo.
El hombre comprendió la idea y la fue asimilando de a poco hasta que dejó de sollozar. —Somos unos héroes—dijo.
La mujer le respondió con una mirada de cariñosa lástima, luego le dijo— Entraré a buscar las llaves de la camioneta, tú, trae las ratas y esa pequeña nave, vamos a llevarlas lejos. Y creo que deberías darle un escobillonazo a la rata que se tomó el veneno, no vaya a ser cosa que se despierte.
Cuando la mujer volvió al patio con las llaves de la camioneta, el hombre le preguntó— ¿Y la rata? ¿La tomaste, tú?
— ¡¿Qué?! ¡No! ¡Mierda!, ¡ha desaparecido! ¡Se va a vengar de nosotros! —Exclamó desesperadamente la mujer. Estaba punto de caerse desmayada cuando el hombre le puso en frente una bolsa manchada con un líquido rosado y le dijo—, No te preocupes, tengo todo listo, todo está aquí. Ji ji. —Él también sabía fantasear con el pánico de la mujer, pero él no se reprendía, él se felicitaba.
Se subieron a la camioneta y se fueron a un lugar apartado. El hombre sonreía casi como un lunático y la mujer no lograba sacudirse el espanto, entonces él dice—no te preocupes, el hombre de la casa se hará cargo—y su sonrisa creció aún más.
La mujer apretó los labios y alcanzó a morder una palabrota que se le asomaba por entre medio de los dientes. Con la mirada perdida en algún lado le dijo—así es…
Cuando volvieron a la casa no se sorprendieron cuando vieron a un tercer visitante. Claramente pertenecía al bando contrario; tenía una cicatriz que le atravesaba la cara por encima del ojo derecho, vestía harapos y llevaba un arma artesanal. El visitante estaba sentado en la mesa, los saludó cordialmente y les extendió un pequeño bolso, dentro había dinero alienígena.
    —Gracias, amigos, tomen esto como muestra de la gratitud de mi pueblo.
    —Gracias—respondió la mujer mientras recibía el bolso.
    — ¿Cómo llegaste aquí? —preguntó el hombre, ¿tienes una nave?
    —No—respondió la creatura, —He venido de polizonte en la nave de Alum, el general de Cardenio. Nadie sabe que estoy aquí, por eso debo comunicarme con el comando central para contarles que los líderes de la represión están muertos. Necesito que me ayuden a conseguir equipo avanzado de telecomunicaciones, para empezar…
¡Pum!, un escobillonazo hizo lo suyo.
—Pensé que no lo harías nunca —dijo la mujer.
—Necesito vacaciones—dijo el hombre.
—Yo también, agarra eso, nos vamos ahora.
—Está bien, pero primero…
— ¡Ahora, dije!
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