El Juez



El señor juez llegó como siempre, creyéndose el hoyo del queque; pero que gracia en su caminar, pero que gracia en su gesto. Sus manos danzaban perfectamente en el aire y todo su movimiento terminaba en la majestuosidad de su asiento en el tribunal. Todos observaban, como si fuera un regalo, como si estuvieran viendo salir el sol. Que belleza. Pero no lo decían, no hacía falta, solo lo disfrutaban, porque cuando observas algo maravilloso solo puedes disfrutar. ¿Análisis?, idioteces, no había nada que analizar, nada que decir; las palabras eran inútiles.

Entonces comenzó el fiscal diciendo:

-ca*a, con s.

-ca*a, con z.

Luego, todos miraron al juez que, justo en ese momento, se estaba sacando un moco. Todos los asistentes lo vieron y, como si fueran uno solo, miraron en otra dirección, específicamente miraron una mancha que había en el techo al lado de la ampolleta. Porque no era la primera vez que el juez hacia cosas que no eran apropiadas, pero cuando alguien que es casi perfecto hace algo indebido, tu no juzgas, tu no comentas, lo que haces es hacer como si no hubiera pasado y si eso se repite muchas veces, entonces llegas a hacerte el tonto de una manera sistemática. Todos miraron aquella mancha porque así lo acordaron y lo hicieron sin nunca haberlo discutido, sin nunca haber tenido una conversación como esta:

-¿Cachaste? el juez se sacó un moco.

-Sí, el medio moco.

-Yo miré al techo, al lado de la ampolleta había una mancha, la mire por un rato, luego volví a mirar al juez y ya todo estaba normal, fue un alivio.

-Quizás yo también haga lo mismo

-Hazlo, y mejor aún, cuenta hasta 10. Yo también contaré hasta 10, estaremos en la misma, no habrá confusión ¿Que te parece?

-Me parece bien, hagámoslo.

Mientras todos miraban la mancha, alguien pensó:

-¿Será posible que la mancha pueda gastarse de tanto que la miramos?… Si se gasta, hacemos otra.

Luego del asunto del moco, el juez continuó:

-¿Que pasa, Carlos, que pasa? ¿Que alboroto es este? ¿Letras?, ¿Qué pasa?

-Excelentísimo, pasa que la gente tiene que complementar sus sentencias con la oración “con s” o con la oración “con z”, porque suenan igual. Resulta que de a poco, la gente comenzó a estar consciente de un malestar interno, muy fuerte, un malestar, una angustia, una pena, algo que no tenía nombre pero que tenía síntoma. Una enfermedad mortal, porque este malestar mata, no altiro, pero mata, a la larga te mata, en una larga y eterna agonía, estas muerto sin saberlo, estas muerto y no vives. Al final, la gente se dio cuenta que la causa raíz del problema era la molestia de tener que aclarar sus frases, si era con “s” o con “z” ¿Extraño?, Sí. ¿Posible?, Claro que sí.

-Y el contexto, Carlos, el contexto. ¿No es suficiente? -Preguntó el juez.

-Ese es el problema, a veces la gente solo quiere decir una palabra pero se ve obligada a contextualizarlo todo, y si no lo hacen; lo pagan. Por ejemplo: Don juan le dijo a su amigo, “vámonos de ca*a”. Para don Juan era claro que se trataba de una inivitación a cazar conejos, pero su amigo pensó que lo estaba invitando a irse a vivir con él. Su amigo pensó que don Juan lo estaba invitando a que dejara su casa, donde vivía con su madre y que él mismo dejaría su casa donde hace cuarenta años vivía con su esposa. Ahí, en el momento, el amigo de don Juan no dijo nada, solo se fue, seguramente se fue a meditar el asunto porque al otro día apareció en la casa de don Juan con una maleta. Don Juan vio la maleta y se dio cuenta de lo que pasaba, asi que intento aclarar el asunto, se trataba de conejos, no de otra cosa, pero antes que pudiera decir algo su amigo lo calló con un beso, luego lo agarro firme de la mano y se lo llevó. Ahora viven juntos en el bosque. La esposa de don Juan lo vio todo desde la ventana, atónita. Cuando don Juan y su amigo se perdieron en el bosque, ella puso música en la radio y un vecino me dijo que hasta cantó.

-Entonces, Carlos, ¿Ella estaba feliz?

-Podría decirse, quizás.

-Entonces ¿Fue algo bueno?

-Pero la queja viene desde don Juan, él no contextualizó sus palabras y tuvo un inesperado giro en su vida. No lo esperaba.

-Carlos, ¿El está triste por esto?

-La verdad, no me lo contó en ese plan. No estoy seguro.

-Usted dijo que la gente está muy mal, pero ¿Quien está mal? ¿A quien le afecta este asunto?

-A mi, señor juez, el asunto me afecta a mi.

-Pero tú eres el fiscal, Carlos ,tú te quejas por los demás, no por ti. Esto que estas haciendo es como una aberración infinita, no puedes, es como poner un espejo frene a otro, es como ponerte encima de ti mismo, no es posible. Entiéndelo, Carlos, ya van muchas veces que este tribunal tiene que decirte que no está para tus caprichos. Anda a tu casa, vuelve cuando tengas un caso de verdad.

-Pero, Señor Juez, es que nadie se queja, ¡Nadie tiene problemas!

El Juez respiró profundo, se puso de pie, y antes que dijera nada, los presentes ya estaban mirando a otro lado.



 Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Juanito