El señor juez llegó como siempre, creyéndose el hoyo del queque; pero que gracia en su caminar, pero que gracia en su gesto. Sus manos danzaban perfectamente en el aire y todo su movimiento terminaba en la majestuosidad de su asiento en el tribunal. Todos observaban, como si fuera un regalo, como si estuvieran viendo salir el sol. Que belleza. Pero no lo decían, no hacía falta, solo lo disfrutaban, porque cuando observas algo maravilloso solo puedes disfrutar. ¿Análisis?, idioteces, no había nada que analizar, nada que decir; las palabras eran inútiles. Entonces comenzó el fiscal diciendo: -ca*a, con s. -ca*a, con z. Luego, todos miraron al juez que, justo en ese momento, se estaba sacando un moco. Todos los asistentes lo vieron y, como si fueran uno solo, miraron en otra dirección, específicamente miraron una mancha que había en el techo al lado de la ampolleta. Porque no era la primera vez que el juez hacia cosas que no eran apropiadas, pero cuando alguien que e...
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