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Juanito

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Juanito Juanito observaba el hacha, era realmente una obra precisa, hermosa. El corte de la madera era perfecto, como si el árbol hubiese crecido con un solo propósito. El metal tenia alma, tenía voluntad y estaba libre de impurezas. Juanito la observaba complacido, como lo hacía todos los días. Su capacidad de deleitarse con la belleza del hacha no menguaba con el tiempo. Llego su tío con un prisionero, lo llevó al patíbulo, lo amarro al palo central y lo dejo ahí. Cuando se retiraba miró a Juanito para decirle algo, pero lo vio absorto y no le dijo nada. Luego de un par de minutos Juanito se puso de pie y se acercó al prisionero, primero ensayó el golpe con su mano en la base del cuello, luego tomó el hacha y termino con el asunto. Miró a los ojos al prisionero, le gustaba ver aquel último suspiro, buscaba algo en esos ojos que se apagaban, un secreto. Él pensaba que todos los hombres en el momento de la muerte pasan por lo mismo, algo pasa, algo mágico, algo q...

El Juez

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El señor juez llegó como siempre, creyéndose el hoyo del queque; pero que gracia en su caminar, pero que gracia en su gesto. Sus manos danzaban perfectamente en el aire y todo su movimiento terminaba en la majestuosidad de su asiento en el tribunal. Todos observaban, como si fuera un regalo, como si estuvieran viendo salir el sol. Que belleza. Pero no lo decían, no hacía falta, solo lo disfrutaban, porque cuando observas algo maravilloso solo puedes disfrutar. ¿Análisis?, idioteces, no había nada que analizar, nada que decir; las palabras eran inútiles. Entonces comenzó el fiscal diciendo: -ca*a, con s. -ca*a, con z. Luego, todos miraron al juez que, justo en ese momento, se estaba sacando un moco. Todos los asistentes lo vieron y, como si fueran uno solo, miraron en otra dirección, específicamente miraron una mancha que había en el techo al lado de la ampolleta. Porque no era la primera vez que el juez hacia cosas que no eran apropiadas, pero cuando alguien que e...

La creatura

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Una mujer estaba ordenando una repisa con adornos en el living de su casa cuando vio que un ratón entró por la puerta del patio y se metió en la cocina. Asustada, fue a contárselo a su marido que estaba leyendo en el sofá. El hombre escuchó con atención, pero a él no le interesaban esa clase de cosas. Según él, los bichos llegan, hacen lo suyo y se van; no hay nada que se pueda hacer. Así se lo dijo a la mujer, pero ella no estaba de acuerdo y se quedó esperando con los brazos cruzados. No había necesidad de gritar, no aún. El hombre lo entendió de inmediato y, tratando de disimular su molestia, se fue a ver lo que pasaba; pero lo hizo con la calma suficiente como para molestar un poco a la mujer. Se detuvo en la entrada de la cocina y, como si tuviera una pipa entre las manos, observó la situación. Pero la mujer no le permitió seguir con su juego, así que se paró a su lado y lo miró fijamente con una expresión que lo invitaba a apurarse. Nuevamente, el hombre lo ente...

Presentación

Mi nombre es Jorge Droguett, un escritor de cuentos aficionado. Bienvenidos.